Nos encontramos hoy con los tres magos de Oriente, tres hombres sabios, que después de hacer un largo viaje para encontrar al Rey que nacería en aquellas tierras, finalmente lo encuentran, lo adoran, le ofrecen regalos y emprenden luego el viaje de regreso a sus lugares de origen.

Estos tres hombres dejaron su tierra, sus oficios, probablemente sus familias, sus seguridades y todo su mundo para ir al encuentro de Aquél a quien la gran estrella anunciaba, el Rey de los judíos que nacería en Belén.

El recién nacido, vimos hace unos días, convocaba pastores y ángeles; hoy, convoca estos magos… hoy nos sigue convocando a nosotros, a ti que lees estas líneas, a mí que las escribo.  Y es que Jesús, el Hijo de Dios, es el Dios del Encuentro, y quiere encontrarse con nosotros, quiere encontrarse contigo y conmigo…

Ni los pastores, ni los ángeles hace una semana, ni los magos hoy, vienen por la belleza, la luz y el resplandor de Belén; ellos vienen atraídos por la presencia de Jesús, vienen porque a Belén ha llegado Aquél que con su sola presencia les habla al corazón. A los pies del Niño de Belén encontramos reunidos a ricos y pobres, sabios e ignorantes, ángeles y seres humanos… y hasta la naturaleza en sus estrellas y animales se hace parte del misterio de este encuentro del cielo y la tierra. También nosotros fuimos convocados…también nosotros elegimos “salir al encuentro del otro” en esta Navidad poniendo todo lo nuestro a los pies de Jesús, como los magos de hoy.

Y como ellos, seguramente el viaje lo hicimos junto a otros. Estos tres hombres, juntos descubrieron la estrella, juntos emprendieron el viaje, juntos adoran a Jesús cuando lo encuentran y juntos emprender el camino de regreso…Toda su experiencia de encuentro con el Rey de los judíos la hacen en comunidad… Si miramos nuestra experiencia de fe, seguramente podremos reconocer los nombres y rostros de aquellos y aquellas con quienes hemos hecho el itinerario hacia Jesús, esas personas que han sido compañeras de camino en el reconocer y adorar a nuestro dios, esas personas con las c cuales-y gracias a las cuales- hemos crecido en la fe, en el amor, en el servicio a los demás, esas personas en quienes nos hemos apoyado. No, no iban solos a ver al Mesías recién nacido, iban juntos, porque en comunidad es más fácil reconocer su rostro y discernir su voz.

Para muchos de nosotros, no todo ha sido consumismo en este tiempo de Navidad que ya acaba. De alguna manera hemos revivido la experiencia de los ángeles, los pastores y los magos en Belén… Hemos vivido encuentros fraternos, cargados de ternura y humanidad, hemos entregado y recibido regalos preparados con cariño, hemos viajado o recibido a quienes lo han hecho para gozar del amor y el compartir. Fuimos convocados por Jesús y dijimos sí.

En este Domingo de la Epifanía del Señor, gocémonos contemplando a nuestro Dios hecho hermano, que convoca a todos sin excepción; reconozcamos en estos tres magos a las personas de nuestras familias y comunidades que han sido nuestros compañeros(as) en el camino de la vida y la fe, agradezcamos el ser invitados a formar una sola y gran familia llamada a la comunión y la fraternidad, valoremos nuestras diferencias y pongamos todo lo que somos y tenemos al servicio de los demás y del plan de Dios. Y por, sobre todo, cultivemos la Cultura del Encuentro…porque haciéndolo estamos cultivando la imagen y semejanza de Dios que llevamos impresa en lo más hondo de nuestro ser.

Carmelita Misionera Teresiana

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