“Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño” (Sal 99).
Hoy, Jesús toma bajo su responsabilidad a las ovejas que le son confiadas y se ocupa de cada una de ellas. Entre Él y ellas crea un vínculo, un instinto de conocimiento y de fidelidad: «Escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen» (Jn 10,27). La voz del Buen Pastor es siempre una llamada a seguirlo, a entrar en su círculo magnético de influencia. Somos cristianos porque, nos dimos cuenta de que hay una relación especial entre Dios Padre y cada uno de nosotros. El amor de Dios está con nosotros y formamos parte de la familia de Dios, Él nunca nos va a dejar de su mano, de ahí la misión de vivir entre nosotros, esta unidad del Padre con su Hijo Jesús: «Yo y el Padre somos uno».

Cristo nos ha ganado no solamente con su ejemplo y con su doctrina, sino con el precio de su Sangre. Le hemos costado mucho, y por eso no quiere que nadie de los suyos se pierda. Y El anuncio del Evangelio a unos les produce rabia y a otros alegría. Dios no niega a nadie su gracia, y ésta es nuestra fuerza: agarrarnos fuerte a la gracia de Dios.

La fe entra por el oído, por la escucha de la Palabra del Señor, y el peligro más grande que tenemos es la sordera: no oír la voz del Buen Pastor, porque tenemos la cabeza llena de ruidos y de otras voces discordantes. Aquel que se cierra a la llamada de Dios consciente y reiteradamente, pierde la sintonía con Jesús y perderá la alegría de ser cristiano para ir a pastar a otras praderas que no sacian ni dan la vida eterna. Sin embargo, Él es el único que ha podido decir: «Yo les doy la vida eterna» (Jn 10,28)

Escuchar su voz hoy, es llenarse de agradecimiento, de confianza, de abandono y de bienestar por el cuidado amoroso que Él nos da. Jesús dice: “Mis ovejas escuchan mi voz”. Eso nos pide hoy: que aprendemos a escuchar su voz —primer paso para entrar en su camino, para sentirse tranquila, para llenarse de confianza, de ilusión y de fuerza. Escuchar el susurro de su voz, porque continúa diciéndonos: “Yo conozco a mis ovejas y ellas me siguen”. ¡Con qué cariño lo dice, Jesús! Con qué cariño nos habla hoy: “Si yo os conozco. Sé vuestros caminos, sé cómo andáis, cómo habláis, lo que pensáis, vuestros altos, vuestros bajos, vuestras mediocridades… ¡todo lo sé! Pero Yo doy la vida por vosotros y nadie os arrebatará de mis manos”. ¡Qué tranquilidad, Jesús, qué tranquilidad! ¡Así eres Tú!
Ayúdanos a escuchar tu llamada, tus silbidos, tus sonidos, tu lenguaje, tu mensaje, y así seguiremos el camino feliz —que eres Tú.
Nos dirigimos a ti, Madre nuestra, para que sigamos la voz de tu Hijo Jesús, para que escuchemos, para que actuemos, para que no tememos. Danos esa fuerza, acompáñanos, agárranos de la mano y llévanos por el camino del buen Pastor, que es tu Hijo.

CMT ÁFRICA

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