El amor de Dios. La flor de la rosa de mayo recoge perfectamente (como símbolo, por supuesto) sus propiedades. Es hermosa, exuberante, de buena fragancia, abundante en floración, variada en sus formas, resistente a las contrariedades.

Así es también el amor de Dios. Abundante, variado en sus formas, resistente, fiel. Si se hace mi hábito vital, hasta se nota en nuestro ser y estar, como si cambiara el ambiente con su “fragancia”.

Eso porque Dios es amor. Amor que quiere darse. Amor hasta el extremo, abundante, hermoso, fiel, creativo. Y con el amor con el que me ama, quiere ser amado. Ser amado de todo corazón, de todas las fuerzas, sobre todo.

Hoy dedico mi orar y hacer a esta intención del día:

Que mi vida sea evangelio vivo para los que nunca han oído hablar de Dios.

Me detengo para considerar su amor para conmigo y examino cómo es mi amor por Él. Recuerdo la bondad del Señor para conmigo. En mi vida, incluso antes de nacer yo.

Me pregunto hoy: ¿en qué está puesto mi corazón?

¿Soy signo del amor de Dios allí donde me encuentro?

Mirando a María, lo medito. Le pido a Ella que me muestre cómo amar a Dios.

Me comprometo a hacer brotar con mayor fuerza esta actitud en mí. Para ello, añadiré hoy a los gestos de caridad gratuitos (que ejercito desde ayer con mayor atención) un rato de meditación agradecida por el amor que Dios me regala, por mi vida y mis talentos, por las personas y también por las contrariedades de la vida que me invitan al crecimiento, a salir de mi zona de confort.

A los gestos de amor del prójimo añado ese tú a tú amoroso con Dios. Pongo en las manos de María la jornada de hoy, con esta oración:

Señora: Recibid en vuestras manos un ramillete de rosas del mes de mayo: aceptadle, es mi amor para con Dios mi Señor. Desde hoy, postrado al pie de este altar, yo os prometo, sí, lo tengo resuelto, amar con todos mis afectos a Dios. Yo me complazco de que Dios sea quien es, sumamente bueno… Sin él, y fuera de él, nada quiero amar. Yo quiero lo que Dios quiere, yo aborrezco lo que Dios aborrece; la voluntad de Dios será la mía de hoy en adelante: así yo lo propongo.

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