Estas flores no tienen olor, pero embellecen el jardín, y junto a las odoríferas, suplen lo que a estas falta, y por lo mismo que no reúnen en sí todas las perfecciones de una flor, no sirven más que para adorno en nuestros ramilletes y jardines.

La veracidad es una virtud que consiste en presentarse delante de los hombres en dichos y hechos tal como uno es. Se opone a la mentira y a la hipocresía.

Gracias a la afabilidad uno se comporta de un modo digno y decoroso con los demás en su trato y comunicación.

La amistad es otra virtud de la justicia, por la que un amigo guarda para con el otro los secretos y las confidencias, lealtad y fidelidad.

La liberalidad es una cualidad buena que mueve a guardar un justo medio entre el despilfarro de los bienes y su retención y acumulación.

María fue veraz, simple, sin ficción ni hipocresía: dijo siempre verdad, no dijo jamás mentira, ni negó la verdad. Fue dulce, tratable, amabilísima, afable, fiel, leal, y en las comunicaciones con sus vecinos guardó siempre decoro y dignidad.

La intención para este día:

Que sepamos sanar nuestras amistades.

Me pregunto hoy:

  • ¿Eres veraz?
  • En el trato con los demás hombres ¿eres blando, dulce y afable? o bien ¿eres feroz, bárbaro, cruel, de mala gracia, iracundo, embustero, hipócrita, infiel, traidor?
  • ¿Guardas con los amigos fidelidad? o bien ¿abusas de sus secretas confidencias?
  • En la administración de los bienes de fortuna ¿eres avaro o pródigo?

Pido a María que cultive en mí estas cualidades.

Me comprometo a conservar cuidadosamente las confidencias de mis amigos.

Encomiendo a María estas flores y le digo:

Recibid, Señora, estas flores como una muestra de mi veracidad, de mi afabilidad y de mi liberalidad. Yo os prometo ser en adelante veraz, afable, tratable y liberal. Aceptad, Señora, estos mis votos, y haced que se cumplan en mí y por mí.

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