Categoría: Portada

Ser más humano, ser más feliz…

Quizá el secreto de una vida más humana y auténtica está volver al centro, a reconocer que la obra es de Dios y nosotros, solo su instrumento. Que ese otro, mi hermano es ese espacio teológico donde Dios me habla y se manifiesta, donde me reconstruye, donde me sana de mis soledades y heridas. Es en mi hermano donde Dios me enseña a ser auténtico a perdonar y perdonarme, a amar y amarme.
En “ese”, el pobre, el pecador, el “que ni apariencia humana pareciera tener”, en el que sufre y en el que reclama, es el escenario favorito de Dios para hablarnos al corazón y enseñarnos a amar. Es metidos juntos en “este mismo barro” donde la vida se vuelve más humana y por ende, más divina. Es aquí, juntos, donde la vida se vuelve más profunda y más feliz.

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