Ausentes en este momento pero presentes en la comunidad: hermanas María Teresa García, Milagros Villalba y Tabitha Miaraho.

 

‘Cuando el misterio es demasiado impresionante,

es imposible desobedecer”

El Principito, Antoine Saint D´ Exupéry.

Así me ha sucedido a mí cuando me han animado a retratar la belleza de la comunidad, que en este tiempo de curso y, por las especiales circunstancias de la pandemia, me ha acogido; me refiero a la Comunidad “Inmaculada Concepción” de la Casa General de nuestra Congregación.

Trato de trazar torpemente, en palabras, las líneas de un boceto que exprese lo más bellamente posible aquellas características más originales de esta noble, silenciosa y abnegada comunidad. Cuando el misterio llamado HOGAR se hace palpable en pequeños gestos de cotidianidad, se vuelve imposible no compartir esta maravilla de sentirse en casa, en familia.

Por esta razón, desearía poder dibujarles al vivo, el rostro tan fraterno de esta comunidad, cuya vida, según mi paso temporal por ella, está marcada por una simple y profunda palabra: HOGAR-FAMILIA. Sentirse en casa, acoger y ser acogido, producen milagros muy hermosos en el colorido tejido de la fraternidad. Estoy plenamente segura de que este ser familia, es el lugar, espacio y tiempo que sostiene la vida en su existencia más profunda, es la que mueve, orienta y alimenta nuestro ser CMT, en casa, y en cada labor pastoral que vamos realizando; el sentirse amada, cobijada y sostenida en nuestra vocación, en nuestra misión de ser HOGAR, puente y descanso para quienes transitan cansados y sin esperanzas por el camino de la vida.

Hace unos meses atrás me conmovieron unas palabras de agradecimiento que hermana María José compartió en su aniversario de 25 años de profesión religiosa; empezaba agradeciendo a Dios y, por medio de Él, a la comunidad, y decía: “Gracias… porque nos posibilitan un HOGAR cuando estamos y cuando regresamos”. Suena tan simple, pero a la vez sencillamente hermoso; no había hecho conciencia hasta ese entonces de la gran misión de la comunidad “Inmaculada Concepción”, Casa Generalicia. Además de ampliarme el concepto tan reduccionista que solemos tener de la misión (labor pastoral), en las hermanas de la comunidad de la Casa General, veo mujeres, hermanas nuestras, que sostienen con su presencia y labor silenciosa, toda la vida, organización y animación de nuestra Congregación, porque no somos solo una familia, somos a la vez, una institución con organización, gestión y función. Somos ante la Iglesia y la sociedad un ente de referencia importante que debe ser representado adecuadamente a través de gestiones, que quizás resulten áridas y frías, en medio de papeles y números.

Pensaba, ¡qué misión y labor tan grande realiza cada hermana de esta comunidad!; por ellas y su trabajo, nosotras podemos estar haciendo presencia en otras partes del mundo, donde la Iglesia necesitada reclama ser atendida y curada en sus llagas.

Además, los ojos de este rostro, de esta comunidad, son profundamente contemplativos y comprometidos. Las hermanas, aparte de los servicios que prestan para ayudar al Gobierno General, están insertas cada una en la realidad de la Iglesia de Roma, prestando una laboriosa entrega en las periferias, ayudando en comedores del Vaticano, en hogares de refugios de familias en situación de vulnerabilidad, asistencia espiritual y ayuda a enfermos y personas con discapacidad. También están insertas en la vida y misión de la parroquia en la que participan activamente. Todas y cada una de las labores va acompañada de una cálida presencia de familia.

Por último, y sumado a todo lo dicho, si tuviera que dibujar el rostro de la comunidad en lo cotidiano, diría que es una comunidad que sabe celebrar todos los días; cada día es un buen momento para celebrar la vida en sus más pequeñas expresiones.

Y ahora solo falta pintar el dibujo, y lo haría así: con colores de interculturalidad e intergeneracionalidad, marcada sobre todo por un gran color de fraternidad.

¡Muchas gracias!

Nancy Cáceres González, cmt

 

Nancy Cáceres González, natural de Paraguay es una juniora de la comunidad “Santa Teresa de Jesús” (Pirayú-Paraguay) perteneciente a la Provincia “Virgen de Guadalupe”, que ha participado durante este año 2020 en el curso de Profundización en la Vocación que se ha llevado a cabo en Roma.

Debido a los problemas de cierre de fronteras a causa de la pandemia, Nancy ha permanecido temporalmente en la Casa General dedicándose, via remota, a sus responsabilidades de estudiante, se ha sumado al voluntariado de la comunidad de San Egidio en un comedor para gente en situación de calle, además de ser una dispuesta y constante ayuda en las distintas tareas de esta casa.

Nancy se ha caracterizado por tener la habilidad de dibujar caricaturas que destacan lo más propio de cada persona y, en esta ocasión, la desafiamos a trazar en palabras, su dibujo sobre esta comunidad…

¿El resultado?, ya lo hemos visto… ¡Gracias Nancy!