Hoy celebramos la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo – Corpus Cristi. Una ocasión que nos recuerda a todos, la realidad de un Dios que no reservó nada para sí mismo y que aceptó la voluntad del Padre de ser la ofrenda sacrificial como una expresión de Su obediencia a Él y de su amor eterno por la humanidad; un Dios que dignificó al ser humano y se ha “partido” para darse haciendo que el amor esté totalmente presente en el pan y sangre de Cristo – Eucaristía.

Alimentándonos, Dios, no solo busca saciar nuestra hambre física, sino sobre todo nuestra hambre más profunda de paz, amor, verdad, sentido de vida y nuestra hambre por Dios. Que esta realidad de Dios que, no solo toma siempre la iniciativa, sino que nos une a Sí mismo y nos transforma para ser hombres y mujeres eucarísticos/as llamados a ser una bendición para los demás, nos conceda la gracia de ser capaces de ser “partidos” y entregados para que otros puedan vivir a través de nosotros.

La multiplicación de cinco panes y dos peces nos recuerda una vez más que en lo más insignificante, si se ofrece con amor, Dios puede multiplicarse y hacernos partícipes de su don. Oremos para que que al escuchar la Palabra de Dios y recibir Su Cuerpo y Sangre en la Eucaristía, especialmente hoy, recibamos la gracia de la generosidad; que podamos tener una mano abierta y un gran corazón para nuestros hermanos y hermanas más necesitados, de manera que pueda haber suficiente pan para que todos puedan vivir una vida digna; que el individualismo y el egoísmo desaparezca y el verdadero intercambio de amor pueda prosperar.

Que tengamos una bendecida solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo, y que nuestra mejor celebración sea recibirlo sabiendo que eso nos hará más fraternos, nos dará vida nueva, nos convocará la comunidad y saciará el hambre y sed que el diario vivir va provocando en nosotros.

CARMELITA MISIONERA TERESIANA – ASIA

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