Día 7. – María OYENTE DE LA PALABRA
María es la “Virgen oyente”, que acoge con fe la palabra de Dios.

El escuchar de María no es un simple “oír”, un oír superficial, sino una “escucha” hecha de atención, de acogida, de disponibilidad para con Dios.

María está atenta a Dios, escucha a Dios, escucha temerosa, percibe al mismo tiempo la inmensa grandeza del Altísimo y su profunda pequeñez.

María escucha también los hechos lee los acontecimientos de su vida, vive atenta a la realidad concreta, no se detiene en la superficie y profundiza para captar el significado.

María, la Virgen orante. Va a la oración para alabar, agradecer, a reconocer la grandeza de Dios y su pequeñez.

Pero también en la oración, María encuentra la verdad de Dios sobre ella: “Me llamarán bienaventurada,” no por mí, sino por las grandes obras que Dios ha hecho en mí.

En el evangelio de Lucas, María es la Virgen oyente; que deja a Dios hablarle, y esa palabra penetra en su corazón como la lluvia en la tierra fecunda. María se nos muestra en la Anunciación plenamente dueña de sí misma, con la sabiduría de la Virgen que sabe oír y penetrar un mensaje, con la riqueza interior que sólo otorga el silencio y la contemplación.
Oyente de la Palabra que guarda tu corazón,
siembra en nosotros amor, jardinera de virtudes,
muéstranos tus actitudes para que florezca Dios. (bis)
Camine según la palabra que él le anuncia en el secreto de su corazón.

Francisco Palau

Cta. 1, 2

En silencio, deja resonar estas palabras en tu corazón…
ORACIÓN
Oración a María, la mujer de la escucha, de la decisión, de la acción

María, mujer de la escucha, haz que se abran nuestros oídos;

que sepamos escuchar la Palabra de tu Hijo Jesús

entre las miles de palabras de este mundo;

haz que sepamos escuchar la realidad en la que vivimos,

a cada persona que encontramos, especialmente a quien es pobre, necesitado, tiene dificultades.

María, mujer de la decisión, ilumina nuestra mente y nuestro corazón,

para que sepamos obedecer a la Palabra de tu Hijo Jesús sin vacilaciones;

danos la valentía de la decisión, de no dejarnos arrastrar para que otros orienten nuestra vida.

María, mujer de la acción, haz que nuestras manos y nuestros pies

se muevan “deprisa” hacia los demás,

para llevar la caridad y el amor de tu Hijo Jesús,

para llevar, como tú, la luz del Evangelio al mundo. Amén.

Papa Francisco, 31.05.2013

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