Con el miércoles de ceniza, hemos comenzado nuevamente nuestro camino hacia Pascua. En este primer domingo de cuaresma, os invitamos a abrir vuestros corazones a dos actitudes esenciales para el camino, sobre todo cuando nos internamos en el desierto… la MEMORIA AGRADECIDA y la CONFIANZA.

El pueblo de Israel, haciendo memoria de su historia -desde su estancia en Egipto donde fueron tratados como esclavos, pasando por la larga caminata en el desierto, a su entrada a la tierra prometida- reconocen el cumplimiento de todas las promesas de Dios y agradecen su fidelidad.

De esta misma forma, nosotros estamos llamados a reconocer que todo lo que tenemos es regalo, don de Dios y, desde esta convicción, en los momentos de soledad, cuando nos internamos en el desierto y viene la tentación: CONFIAR en que Aquel que inició su obra en nosotros, la llevará a su fin.

En esta primera parada de nuestro camino hacia la Pascua, nos encontramos con Jesús… sí, con Jesús que se ha dirigido al desierto por propia voluntad ya casi en el umbral de su vida pública.

Donde nosotros vemos soledad, Él busca el encuentro; donde otros sufren y sucumben a la tentación; Él, aun cuando también la sufre, confirma su confianza en el Padre: en Él encuentra su alimento, Él hará realidad el Reino, Él extenderá su Palabra… y todo esto porque, al igual que el pueblo de Israel, vive a la “sombra del Altísimo” y encuentra en Él su refugio, fortaleza, baluarte donde se pone a salvo.

Al igual que Jesús, venzamos la tentación desde una dependencia total de Dios, una obediencia absoluta a Su Palabra y una confianza inquebrantable en Sus promesas.

“La palabra está cerca de ti, en tu boca y en tu corazón… “(Rom 10, 8).

Hoy, Dios se revela a nosotros en su Palabra, si tenemos un oído atento para escuchar y un corazón dispuesto a recibir.

Hermana CMT de África

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