La liturgia de este domingo nos da la respuesta a una pregunta que todo bautizado debe hacerse: ¿qué significa ser un discípulo de Cristo?

1.- Un discípulo de Jesús se deja guiar por el Espíritu de Sabiduría

En el Antiguo Testamento, el hombre sabio, después de experimentar sus límites pasa a reconocer que todo le viene de Dios. Por sí solo puede muy poco o casi nada, es el Espíritu de Dios el que lo guía y lo conduce por los caminos de la sabiduría.

Es cuando experimentamos la propia fragilidad, cuando podemos aspirar a lograr aquello que llevamos en el corazón, y sólo con sabiduría y espíritu lograremos que este deseo que mueve nuestra existencia, no muera nunca.

2.-  Considera al prójimo como mi hermano en Cristo

Jesús, camino, verdad y vida, nos concede toda la luz que necesitamos para seguirlo y reordenar nuestras opciones para vivir en coherencia con Su proyecto.

Filemón es bautizado, Cristo vive en él, ha decidido seguirlo, pero continúa viviendo como antes. Pablo lo exhorta a mirar de forma distinta, a relacionarse con los otros reconociendo en ellos, incluso en quien fue su esclavo, a su HERMANO EN CRISTO.

Seguir a Jesús implica indudablemente un cambio de vida que nos lleva a considerar a todas las demás personas, como hermanos amados, ¡como Cristo mismo!

3.- Fundar su vida en Cristo crucificado

Seguir a Jesús implica opciones radicales, Él no se va a medias tintas. Él nos propone, a quienes deseamos seguirlo, un proyecto de vida muy concreto que pasa por colaborar en su plan salvador.

Este camino conlleva la cruz, implica que cuando nos dejamos tocar por el Amor más grande que hemos conocido, todo se reordena en nuestra vida: nos capacita a renunciar a lo que más amamos; a dejar de lado incluso nuestras propias convicciones y a soltar aquello en lo que sostenemos nuestra existencia. Solo un Amor así, ordena nuestras prioridades para seguirlo sabiendo, a ciencia cierta, que Él es y será “nuestro refugio de generación en generación”…

4.- A ejemplo de la primera discípula: María…

El 8 de septiembre, recordamos la natividad de la Virgen María. Agradecemos al Señor que nos la dio como madre. Ella, la primera discípula, camina con nosotros en el día a día. Confiemos Ella todo aquello que experimentamos en el camino y descubramos en su ejemplo de vida, las claves para seguir a Jesús en fidelidad, desde un dejarnos conducir por su Espíritu, relacionándome con todos como mis hermanos en Cristo y dejándonos modelar por ese Amor, del cual María da el más grande testimonio.

CARMELITA MISIONERA TERESIANA-ÁFRICA

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