“¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!”

Cuando Jesús evoca la confianza o el coraje en los Evangelios, quiere referirse a una situación que perturba la paz de sus interlocutores. Y quiere pasar un mensaje. Cristo Jesús llama a sus apóstoles a tener la fe y a nosotros también. Lo ha ido haciendo toda esta semana a través de las parábolas.

Este domingo, el evangelio nos presenta el episodio de la tormenta que está llena de símbolos. El primer símbolo es el del barco que es golpeado por los vientos contrarios. Es cierto que este símbolo es el de la Iglesia en medio de la tormenta.

Como en la época del Beato Padre Palau, la Iglesia ha atravesado muchas dificultades: división, falta de fe, falta de vocaciones, ignorancia, epidemias… contra las que luchó por el bien de todos. El padre Palau no se dejó vencer por las dificultades. Oró, predicó, sirvió hasta el final, porque tenía fe.

Aún hoy, la Iglesia y la sociedad atraviesan tormentas insoportables para muchos: enfermedades, hambre, guerras, paro, terrorismo, desastres naturales …

Ante todas estas dificultades, el hombre actual tiene miedo y corre el riesgo de hundirse como San Pedro al que Jesús reprochaba: “Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado? “. Pero al mismo tiempo, le tiende la mano.

Cada uno de nosotros puede reaccionar de diferentes formas ante los momentos difíciles de la vida. Pero Cristo nos repite: “No temas, soy yo, aquí estoy contigo, hasta el fin de los tiempos”. ”
Y incluso antes de morir, estando cenando con sus discípulos, los consuela diciéndoles: “Mi paz os doy, mi paz os dejo … No se asuste vuestro corazón” (Jn 14, 27).

Oremos por todos los que no tienen fe y están desanimados, para que levanten la mirada hacia Cristo, clamando con el salmista: “Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación” (Sal 84).

CARMELITA MISIONERA TERESIANA – ÁFRICA

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