La celebración de hoy, Domingo de Ramos de la Pasión del Señor, está lejos de ser habitual. Antes, se podían ver palmeras de varios diseños y tamaños fuera de la Iglesia.  Los fieles acudían en masa a participar para entrar y prepararse para la Semana Santa, cantando “Hosana, Hosana, Hosana en las alturas” en procesión, agitando las palmas, entrando en la Iglesia.  Pero debido a la pandemia de Covid19, se implementan restricciones y protocolos estrictos; las iglesias están vacías y la celebración del Domingo de Ramos no tiene mucha gente.  Nosotros, el mundo, ya llevamos más de un año en agonía debido al Covid19.  Lamentamos la pérdida de muchos como: familia, parientes, amigos, colegas y trabajadores de la salud, etc.  Nos causó mucha ansiedad, miedo y tristeza… Las vacunas “parecen interminables” han llegado, pero el número de víctimas aumenta a diario.  El dolor nos afecta continuamente… y todos lloramos “¿cuándo terminará?”

El Evangelio de Marcos, de la pasión del Señor, nos recuerda a todos que no estamos solos, que nuestros dolores y sufrimientos no son ajenos a nuestro Señor Jesucristo cuando él mismo clamó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? “(Cf. Mc 14, 34).  En nuestra angustia y sentimiento de abandono, podemos experimentar la misteriosa presencia amorosa de Dios en ese dolor, que es “aparente” sentimiento de ausencia.  Que ese consuelo sea nuestra esperanza en este momento de prueba y nos lleve a descubrir la belleza de la vida en medio del horrible y temible rostro de la muerte.

A pesar de la amenaza de Covid19, nos ha enseñado que somos UNA humanidad y una gran familia.

Jesús se vació a sí mismo, sufrió, fue crucificado y murió por nosotros, por el amor que tiene por Dios Padre y por toda la humanidad.  Nos mostró que el verdadero amor busca siempre el bien de los demás, incluso a costa de la propia vida. Y el que ama de verdad sirve.

Puede que estemos económicamente escurridos, pero esta época de pandemia aumenta nuestra sensibilidad hacia las necesidades de los demás, actos de heroísmo concretamente visibles en el cuidado y la compasión de los que están en primera línea y líderes que sirven a los más vulnerables y necesitados.

Jesús nos sirvió y nos amó a pesar de todas nuestras iniquidades e infidelidades.  Abrazó nuestro quebrantamiento y perdona nuestro pecado.  Y mientras todos clamamos por la curación de Dios, particularmente para los afligidos de Covid19, y suplicamos por el fin de la pandemia en el mundo, que aprendamos a abandonar y confiar en Dios todas nuestras preocupaciones como lo hizo Jesús.  Dejar que Él tenga el control de todo, un Dios que ama y quiere lo mejor para todos nosotros.

‘¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito sea el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en lo más alto!’

CARMELITA MISIONERA TERESIANA-ASIA

 

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