Reflexionar sobre el Evangelio de hoy me lleva de vuelta a historias experienciales y de misericordia, amor y perdón. Recuerdo esta vívida historia de una esposa que me dijo un día, que pecó a su esposo. Ella se sintió atraída por un hombre y ese señuelo conduce a la infidelidad. Ella dijo: “Soy bendecida por tener un esposo que me ama mucho, me perdona y me da una segunda oportunidad. Sin pedir ninguna condición, sino simplemente, un deseo de que podamos empezar de nuevo”. Ella dijo continuamente: “esos actos me hicieron sentir avergonzada por lo que hice, pero ese mismo gesto de amor y misericordia de mi esposo y mi familia me devuelven mi dignidad. Ella agregó, diciendo: “Me hizo darme cuenta de que soy más de lo que pensaba que era … maldito, infiel, pecador. A una realidad que soy aceptado a pesar del error que cometí, que soy amado no por mi belleza y bondad sino por mis defectos, fragilidades e incluso pecaminosidad. Que soy perdonado, no por mérito propio, de hecho, no lo merezco, pero todo es gracia. Estoy agradecido por recibir tales gracias. Estoy verdaderamente bendecido”.

En el Evangelio de este domingo, se nos presenta el carácter constante de Dios Padre: actitud perdonadora y amorosa hacia los perdidos y pecadores. Un padre que espera amorosamente y observa pacientemente el regreso del hijo perdido. Esto demuestra el amor de Dios por cada uno de nosotros y por toda la humanidad.

Podemos preguntar: “¿Qué pecado cometemos cuando rechazamos la voluntad del Padre como se menciona en Hebreos 12:1 y Hechos 8:23?  El pecado nos alejó de Dios. Y cité de una de mis lecturas: “El pecado siempre promete más de lo que da, nos lleva más lejos de lo que querías ir y nos deja peor de lo que estábamos antes”. Promete libertad, pero trae esclavitud (Juan 8:34). El evangelista nos recordó a nuestro Padre misericordioso que abraza todo y no excluye, entiende y no juzga, perdona y no condena, espera pacientemente y siempre esperanzado por nuestros retornos.

Como este cuarto domingo de Cuaresma nos invitó a esperar y regocijarnos porque la Cuaresma va avanzando y la Pascua está cerca; alegrémonos y regocijémonos porque nuestro Dios es Misericordia. No perdamos la esperanza, ni sucumbamos a la realidad y a las incertidumbres que estamos viviendo ahora. Que el Evangelio de hoy fortalezca nuestra esperanza de afrontar la vida cada día con la confianza de que no estamos solos. Dios está con nosotros. Él es Amor y Misericordia.

CARMELITA MISIONERA TERESIANA-ASIA

Descargar en español: IV DOMINGO DE CUARESMA

Descargar en inglés: IV LENT SUNDAY