Reflexionando sobre el Evangelio de hoy que trata sobre la humildad, me recordó el pequeño camino y la Historia del Alma de Santa Teresa. Y al mismo tiempo las enseñanzas de Santa Teresa de Ávila sobre la humildad.

Santa Teresa dice: “Nunca debemos buscar lo que parece grande a los ojos humanos”. Porque “Lo que importa en la vida no son las grandes obras, sino el gran amor”.

Hoy en día, en las redes sociales, la mayoría de las veces se puede ver cómo las personas se jactan de sus logros, éxito y posesiones. Se puede notar claramente el énfasis en el estatus que puede llevarte a un lugar más alto. Nivel mucho mayor que el resto y atención al auto enriquecimiento, pero no muestra los defectos, la miseria, el quebrantamiento, la pecaminosidad y la verdad de que no somos nada ante Dios.

Santa Teresa de Ávila dice: “Una vez estaba reflexionando sobre por qué nuestro Señor era tan aficionado a esta virtud de la humildad, y este pensamiento vino a mí … es porque Dios es la Verdad suprema; y ser humilde es caminar en la verdad, porque es una verdad profunda que o nosotros mismos no tenemos nada bueno sino sólo miseria y nada. Quien no entienda esto camina en la falsedad. Cuanto más lo entiende alguien, más agrada a la Verdad suprema porque está caminando en la verdad. (IC VI, 10,7).

Lamentablemente, nuestro tiempo está ahora en un dilema sobre la honestidad, la transparencia y la verdad. No favorece caminar en la verdad. Estamos hipnotizados por lo que brilla, lo que da éxito y fama. Nos cuesta estar quietos, hacer una pausa, reflexionar, orar y mirarnos profunda y honestamente. Estamos demasiado orgullosos de lo que nos convertimos, muy evidente en el conflicto entre las naciones, de nuestra insensibilidad a la verdad de que somos una gran familia. Isaías 66:2 nos recordó: “Este es el que estimo; el que es humilde y contrito en Espíritu, y tiembla ante mi palabra”.

Pidamos la misericordia y la compasión de Dios para hacernos humildes de corazón.

Y termino esta reflexión con una breve mención a la oración de Santa Teresa del Niño Jesús sobre la humildad:

“… Cuán frío es mi corazón hacia Ti; Lleno como está de preocupaciones temporales y terrenales y del mayor amor propio, no queda espacio para un amor heroico a Dios y a mi prójimo. ¡Qué ser tan miserable y miserable soy! Tú, majestad infinita misma, santísimo y más perfecto, eres el más humilde de corazón; Yo, miseria y pecado, soy orgulloso y engreído, y por lo tanto también sin paz de corazón. De verdad debes apartar tu hermoso semblante de mí, porque poseo muy poca virtud. Y, sin embargo, me considero mejor que los demás, ¡e incluso me aventuro a criticarlos y menospreciarlos! Conozco mi propia miseria, y aún así espero ser estimado y alabado, ¡e incluso preferido a los demás! ¡La menor humillación y negligencia por parte de los demás me duele, y tú eres tan humilde, tan tolerante y tan paciente con los hijos de los hombres! El Divino Corazón de mi Jesús más amoroso infunde en mí verdadera humildad y un conocimiento correcto de mí mismo, para que pueda merecer encontrar un día el favor a Tus ojos. Dame la gracia de ser humilde y sencillo como un niño, si deseo ir al Padre. Amén”.

CARMELITA MISIONERA TERESIANA – ASIA

 

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