¡Señor, enséñanos a orar! Esta es una súplica de los discípulos de Jesús que anhelan crecer en una relación más profunda e íntima con Dios. Un anhelo que brota desde adentro, para aprender del Maestro, Jesús mismo. Lo que los caracteriza e identifica como seguidores de Jesús, es su manera de relacionarse con Dios y entre ellos.

Día a día somos bombardeados con diversos ruidos; la amenaza permanente sobre la paz mundial y la falta de seguridad; las exigencias por mantener una estabilidad económica y política; la modernización; el cambio climático; la permanente actividad en el mundo de las redes sociales; además de nuestras preocupaciones y realidades diarias en el hogar y en el trabajo. Con todas estas cosas, cuánto nos queda para estar en contacto con nosotras mismas, para estar en silencio para que podamos realmente orar, estar en comunión con Dios y descubrirlo en los rostros concretos de nuestros hermanos y hermanas necesitados y sufriendo.

El Evangelio de hoy nos invita, reiteradamente a doblar las rodillas y humildemente pedirle a Dios que fortalezca nuestra fe y a acercarnos a Él con confianza y llamarlo “Abba” Padre. Es a través de la oración que podemos entrar en intimidad con Dios y en relación constante con nuestros hermanos. y hermanas. Es la oración la que tiene un poder transformador que nos lleva a reconocerlo vivo y trabajando en nuestra vida y en el mundo. Un poder que nos atrae para salir de nosotros mismos y estar en comunión con los otros y con el resto de toda la creación.

Una comunión a la que tú y yo estamos llamados a entrar con la Santísima Trinidad. Esto es un camino que se recorre gradualmente y nos va transformando en la persona que Dios sueña y quiere que seamos: ser reflejo de su presencia en nosotros. De esta forma vamos descubriendo nuestra verdadera identidad como hijos muy amados de Dios. Esta realidad nos exige entrar en permanente escucha y obediencia a la voluntad de Dios poniendo en ello todo nuestro ser, uniendo nuestra voluntad con la de Él.

Estamos llamados a vivir de una forma más rica y profunda una vida que irradia la luz de Dios mismo, que comunica el Amor experimentado en la oración, desde una confianza en que Dios se manifiesta en los demás a través de palabras de ánimo y esperanza y un Espíritu que transmite paz.

Jesús dijo: “pedid y recibiréis; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá … ” y con estas palabras nos recuerda que la oración requiere persistencia. Pidámosle a Dios que nos ayude a perseverar en la oración, para que nunca nos cansemos de preguntarle repetidamente, como Abraham en la primera lectura. Busquemos incansablemente, hasta encontrar lo que puede saciar auténticamente nuestro corazón; y golpeemos intensamente su Corazón hasta que nos conceda lo que le presentamos en la oración en su tiempo perfecto.

Original en inglés: XVII Sunday in Ordinary Time

CARMELITA MISIONERA TERESIANA – ASIA

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