Dios es amor… (1 Jn. 4, 8)

No nos equivocamos cuando decimos solemnemente que ‘Dios es Amor’. En este sexto domingo de Pascua, la Iglesia nos ofrece para nuestra meditación este gran tema del Amor y que toca a todo ser humano y en particular a los cristianos que creen. Hay varias formas de abordar y desarrollar este tema.

¿Qué significa Dios es amor? Dios es amor, dice la Biblia. Pero no está dentro de los límites del amor humano. Está más allá. Él es el origen del amor, Él es el origen de todas las perfecciones terrenales. Las cosas en la tierra son un débil reflejo de la máxima perfección en Dios.

Podemos reconocer por tres cosas que Dios es amor:

  • Primero, lo vemos en la Creación. El hecho de que exista algo, nos muestra que Dios es alguien que ama. Porque Dios no necesita del mundo, no es necesario para él, pero el amor quiere comunicarse. Quiere compartir con los demás su propia felicidad. Por eso Dios ha creado un mundo que está llamado a participar de la vida divina. Esta es una razón para permanecer en el amor…
  • Segundo, Dios viene en ayuda del hombre, aunque él se ha apartado de Dios después del pecado. Porque, “tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito para que el que crea no se pierda, sino que tenga la vida eterna”, dice el Evangelio de San Juan. Este es otro motivo para permanecer en el amor de Dios…
  • En tercer lugar, Dios no sólo aparece ante la creación como amor, sino que también es en su ser trinitario una comunión de amor, el padre se entrega íntegramente en el engendro del Hijo y el amor del Padre y del Hijo. , es el Espíritu Santo. Dios es comunión de amor. Estos tres puntos muestran por qué Dios es amor. Y tan unidos en este amor podemos ayudar a nuestros hermanos que son más vulnerables y que nos necesitan.

Y estos tres puntos se encuentran en el llamado sobrenatural del hombre de la siguiente manera:

  • Dios crea al hombre por amor, y lo llama a participar de su vida divina, el hombre se aparta de Dios. Es miserable y está perdido, pero no puede regresar. Dios envía a su Hijo que da su vida por amor al hombre. Quien cree en Cristo, se transforma en un hombre nuevo. A través de esta transformación, se convierte en templo del Espíritu Santo.
  • El Espíritu Santo, derramado en el corazón del hombre, toma al hombre y lo lleva a la vida divina. Lo introduce en el amor entre el Padre y el Hijo. Suena espectacular, pero es así. Porque Dios es amor. Y en este amor se unen la fuente, la redención y la finalidad del hombre.

¿Cómo podemos saber si tenemos este amor de Dios en nosotros? El Padre Francisco Palau, que lo entendió todo, nos habla de la caridad que nace del corazón por Dios y que nos lleva a la práctica:“…La caridad tiene como objetivo unir al hombre con su Creador y su Dios; esta unión consiste en conformar nuestra voluntad a la voluntad divina y nuestro entendimiento a la Verdad Eterna. Transformando al hombre en imagen viva de Dios por amor, la caridad dirige todas sus acciones, fortalezas y virtudes hacia la utilidad y el bien común del cuerpo social: en estos dos actos consiste toda su perfección. La reina de las virtudes, la caridad, perfecciona al hombre en todas sus relaciones con el prójimo mediante la práctica y el ejercicio de las demás virtudes, en las obras, en el tiempo, con la ayuda de los dones del Espíritu Santo”. (F. Palau, Escritos p.1564)

CARMELITA MISIONERA TERESIANA – ÁFRICA

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