”… cuanto tienes, véndelo y dáselo a los pobres… luego ven y sígueme.” (Mc 10, 21)

El evangelio de este domingo está lleno de mensajes de actualidad para nosotros hoy y pueden hablarnos. Primero, el hombre de este episodio del Evangelio de hoy es joven y rico. Es un ser íntegro e impecable, pues cumplió todos los mandamientos recomendados por la ley. Jesús lo miró y lo amaba, nos dice la Escritura.

Entonces tiene una preocupación. Quiere algo grande: la vida y más aún, la vida eterna. Es cierto que esta vida no nos pertenece. Y no podemos comprarlo porque no nos pertenece. Ricos y pobres, tenemos una preocupación: la vida eterna. ¿Cómo ingresar, cómo adquirirlo? Cada uno de nosotros puede pensar que la respuesta es fácil de dar. El mismo joven cometió un error porque uno no tiene acceso a la vida eterna haciendo algo. Es un regalo de Dios, un regalo de su gracia.

Fue Jesús quien nos consiguió la vida eterna al morir en la cruz y fuimos salvos. El que cree tiene vida eterna. Y san Pablo nos dice: “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia de Dios”. Entonces Jesús quiso ofrecerle otras riquezas más importantes que los bienes que este hombre había adquirido. Pero aceptar la oferta se vuelve difícil cuando alguien tiene un corazón apegado a otros intereses que no encajan con la oferta. El joven prefiere alejarse de Dios.

Sin embargo, inicialmente, afirmó vivir todos los mandamientos. Aquí la diferencia se encuentra en la novedad que trae Jesús: “Amarás a tu Dios… Amarás a tu Prójimo” (Mt. 22:27). El problema no es, que has amado o no. Reside en las palabras: “Ve, vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres, luego ven y sígueme” (Mc 10, 21). Oferta rechazada. Y la tristeza invade el corazón.

La verdadera felicidad no proviene de nuestros apegos que nos distraen de lo esencial de la vida. En nuestra sociedad, hay acontecimientos que nos atan y a los que a veces nos apegamos demasiado y que nos hacen olvidar el bien que podemos hacer por Dios y por los prójimos. Y Jesús no se cansa hoy de seguir mirando a cada uno con amor y decir: Tú, cristiano, papá, mamá, joven, niño;

“… ANDA, CUANTO TIENES, VÉNDELO Y DÁSELO A LOS POBRES… LUEGO VEN Y SIGUEME”

¿CUÁL ES TU RESPUESTA?

Que podamos hacer algo bueno después de escuchar este evangelio.

CARMELITA MISIONERA TERESIANA – ÁFRICA

 

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