HNA. MARIA LUISA SILVA BARRO, DESCANSA EN PAZ
Publicamos el mensaje de la Animadora General, H. María Teresa García cmt, dirigidas con el motivo del funeral de nuestra querida «Soeur Congo».
Nacida en Puentes, La Coruña (España) el 6 de junio de 1932, la hermana Maria Luisa fallecía el 19 de mayo 2026. Hoy su cuerpo reposará en la tierra congoleña que tanto ha amado. Soeur Congo, como la llamaban cariñosamente las que la conocían, entregó su vida sin reservas, con amor particular a los más vulnerables.
Hoy despedimos con emoción y gratitud a una gran mujer, una gran misionera, religiosa Carmelita Misionera Teresiana: hna. María Luisa Silva Barro, que hizo de su vida un regalo silencioso al servicio de la Congregación y de la Iglesia.
Querida Hermana María Luisa:
Durante tantos años, tu corazón tuvo acento de Evangelio y latido de África. Dejaste tu tierra para sembrarte entera entre los más pobres: Mamwu, Walikale, Masisi, Bagira, Matanda, Andriamboasary, Cité Verte y Goma. Y allí, en esa tierra amada, el Señor te ha llamado a descansar, como así fue tu gran deseo.
De igual modo agradezco a Dios, tus doce años de disponibilidad y servicio en el Gobierno General, como consejera general, siempre en bien de la Congregación.
A tus 94 años, tu vida habla de fidelidad, de entrega humilde y de amor sin medida. Fuiste misionera no solo por lo que hiciste, sino por la manera de mirar, de escuchar, de educar, de acompañar y de permanecer. Muchos encontraron en ti consuelo, esperanza y una presencia de Dios cercana y sencilla.
Hoy sentimos tristeza por tu partida, pero también una profunda paz al pensar que has muerto donde siempre estuvo tu corazón. África fue tu misión, tu casa y tu familia. Allí entregaste tu juventud y todas tus fuerzas; allí has querido cerrar los ojos para abrirlos definitivamente a la vida eterna.
Gracias por tu ejemplo luminoso, por tu valentía serena y por una vida gastada por amor. Que la tierra africana que tanto amaste te abrace ahora con ternura, y que Dios te reciba con las palabras reservadas para quienes han amado de verdad: “Ven, sierva buena y fiel”.
Doy gracias a Dios porque en la visita pastoral a vuestra comunidad, en el mes de abril, el Señor me concedió el gran regalo de poder compartir juntas, sin sospechar entonces la cercanía de tu partida.
Guardo en el corazón aquel momento de la despedida, en el que tus lágrimas deslizándose por tus mejillas hablaban en silencio de tu entrega, de tu fe y de tu abandono confiado. Y tus palabras, tan sencillas y tan profundas: «¡Pide por mí!», permanecen como una súplica que trasciende el tiempo y se convierte hoy en oración agradecida.
Confiamos en que ahora, ya en la plenitud de la Vida, contemplas el rostro de Aquel a quien amaste y serviste, y que tu memoria siga siendo para nosotras estímulo de fidelidad, esperanza y entrega generosa.
Descansa en la paz del Señor, María Luisa. GRACIAS.
Mª Teresa García Rodríguez, cmt
Animadora general


