DÍA 2º DE LA NOVENA

En este segundo día de la novena, reflexionaremos en torno a la figura de Rebeca.

Ella es una de las “matriarcas” de pueblo elegido. Pariente de Abraham, por medio de una promesa y una oración es escogida por esposa para Isaac, para guardar la “pureza” del linaje. Pero Rebeca no es un elemento pasivo en el tejido de la historia de la salvación. Perteneciente a su pueblo por sangre y por amor, toma parte activa en los acontecimientos. Decide ella misma venirse a la tierra de Isaac, decide ella misma quién de sus dos hijos recibirá la bendición de su padre. Su actuación hace que la promesa de Dios permanezca con su pueblo. Ella presiente el amor preferencial de Dios por el más pequeño; también ella favorecerá a su hijo menor, Jacob, en oposición a su marido quien preferirá a su hijo mayor, Esaú. Como Dios, Rebeca se mantendrá fiel a su elección, y eso la hará digna de veneración por todas las generaciones.

“Entonces se levantó Rebeca con sus criadas, montaron en los camellos y siguieron a los hombres. Fue así como el servidor de Abrahán se llevó a Rebeca. Isaac acababa de volver del pozo de Lajay-Roi, pues estaba viviendo en el Negueb. Al atardecer, como salía a dar un paseo por el campo, vio que se acercaban unos camellos. También Rebeca divisó a Isaac, y al verlo se bajó del camello. Preguntó al mayordomo: «¿Quién es aquel hombre que viene por el campo a nuestro encuentro?» Le respondió: «Es mi patrón.» Ella entonces tomó su velo y se cubrió el rostro. El mayordomo contó a Isaac, todo lo que había hecho. Isaac llevó a Rebeca a la tienda que había sido de su madre Sara. La hizo suya y fue su esposa. La amó y así se consoló por la muerte de su madre.”

Génesis, 24

_De esta forma fue el primer encuentro de Isaac con Rebeca. A pesar de las costumbres de la época, Rebeca permanecerá como la única esposa de Isaac, incluso cundo por un tiempo se quede estéril. Y su marido siempre le hará caso, incluso cuando Rebeca le hará la trampa gorda de entre cambiar sus hijos.

_Por esos motivos, en las páginas de los escritos de Francisco Palau Rebeca aparece como el símbolo del “amor de Dios en la soledad, el tipo del matrimonio entre la Iglesia y Cristo, y los que con Cristo la aman” (MR 1,32). La soledad es, por tanto, un lugar privilegiado de encuentro y de estrechar las relaciones entre los amantes. Es aquí donde Palau la conoce mejor, donde cuida sus necesidades, donde se ofrece todo entero, alma y cuerpo, a su total disposición. En estas condiciones, renueva su amor por la Iglesia que se convierte en una realidad profunda y comprometida, en el matrimonio espiritual.

_Es un amor dinámico que toma acciones concretas para el bien de su amado; un amor tejido de ausencia, que nos hace atentos en la búsqueda, y de presencia que nos hace sentir en calma confiados a los cuidados amorosos del que sabemos nos ama; un amor que también nos lanza a la acción para complacer los deseos del corazón del amado; un amor que para dar frutos necesita de momentos de soledad y silencio.

_La figura de Rebeca queda más que actual en nuestro hoy. Dado el vertiginoso ritmo en el que vivimos ocupados, a veces incluso por el bien del Cuerpo llagado de Jesús, está bien recordar que el amor también necesita de soledad y silencio. Necesitamos a Rebeca para recordarnos que nuestro Amado “cuida a sus amigos mientras duermen” (Sal 127,2); necesitamos encontrar este lugar íntimo de reposo y descanso, de una confianza total, de una seguridad de que todo irá bien porque estamos al cuidado de Dios. Necesitamos momentos de “volver al amor primero”, a este instante en que nuestros ojos se cruzaron en un campo desierto, a este encuentro de pasión y exclusividad. Necesitamos Rebeca y su fidelidad a las promesas de Dios, su esfuerzo para que esas promesas sigan vivas entre su pueblo. Dios prometió su bendición abundante, su protección, aunque en medio de dolor. Y Dios no aparta su bendición cuando mostramos lo mucho que esas promesas significan para nosotros.

 ¿Cuidas y procuras espacios de silencio para este encuentro que alimenta y sostiene nuestras relaciones con la Iglesia?

Haz silencio en tu corazón, escucha las palabras que la Iglesia personificada por Rebeca le dice a Francisco Palau. Siente cómo tu Amado en persona te las dirige, invitándote a renovar su relación de amor único y comprometido. Quizás pasas por algún momento difícil en tu vida: de cansancio, oscuridad, sin sentido; quizás la vida de abruma, te sientes abatida. Escucha lo que el Señor te dice hoy y déjalo resonar en tu corazón:

“Me tienes a mí. ¿Me amas? Si me amas, ¿por qué me quieres dejar?

¿Quieres un remedio eficaz para todos tus males?

Es este: al anochecer y amanecer no dejes de subir a este monte para la oración, y en ella todo lo hallarás.

Yo estaré en el monte contigo, fiel compañero. Orarás con fervor y en debida forma mañana y tarde sobre la cima de este monte, y en la oración me tendrás a mí, y yo soy para ti todas las cosas; todo lo tendrás teniéndome a mí. Vendrás sola a este sitio y me hallarás.

La oración curará todos tus males; no faltes. Has de renovar todas tus relaciones conmigo. Yo soy tu Amado, soy tu Esposo.

Cuando tu corazón esté abatido por el peso de tus miserias, y tu entendimiento oscurecido por las tinieblas de la vida, yo vendré para renovar nuestro contrato de amor.

Cuando hayas menester, que será muy a menudo, renovar tu espíritu en las llamas del amor para con tu Amado, llámame a mí y estaré contigo. Estoy en ti, soy una misma cosa contigo. Si tú no me borras de tu corazón con el desamor y de tu entendimiento por el olvido, yo estaré contigo, y donde yo esté estarás tú, y tú donde yo.

En el santo sacrificio del altar yo me doy a ti, allí reclino mi cabeza en tus brazos, allí te doy mis carnes y mi sangre, allí me doy cada día todo a ti. Allí cada día renuevo contigo mi contrato matrimonial, me desposo de nuevo contigo. No lo olvides. Y si lo olvidaras, allí te haré sentir mi presencia. Yo te amo. Ofrécete a mí tal como eres, con todas tus miserias, debilidades y flaquezas. Tú eres mía como yo soy tuyo” (Cf. MR 9,7-15).

 

(Canto a elección)

Pidamos la gracia que deseamos por intercesión del Bto. Francisco Palau.

¡Oh Dios. Padre omnipotente y misericordioso!

Te damos gracias y te bendecimos

porque infundiste en el corazón del Beato Francisco Palau

un amor singular a la Iglesia, cuerpo místico de Cristo,

le descubriste su belleza figurada en María,

y lo iluminaste para servirla con la oración y el apostolado.

Concédenos su pronta canonización en la Iglesia

y ahora la gracia especial que por su intercesión te pedimos.

Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 


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